Crónicas de la pandemia, vol. 1

Han pasado seis meses desde que en el Perú se declaró el estado de emergencia sanitaria. Hace seis meses, de un día para otro, nuestro mundo cambió por completo: primero tuvimos que estar todos encerrados en casa durante dos semanas. Luego dos más. Luego dos más. Y luego dejamos de contar. Aún hoy, la pandemia sigue afectando a todo el planeta y lo más seguro sigue siendo, en casi todos los lugares del mundo, mantenernos en la medida de lo posible en casa, distanciados de nuestras personas queridas y de las vidas que conocíamos. Todo parece indicar que, hasta que una vacuna viable esté disponible masivamente, nuestras vidas van a seguir bastante afectadas.

Es difícil. Pero también hemos aprendido tanto. Nos hemos adaptado, hemos transformado nuestras vidas y hemos encontrado la manera de seguir adelante. En las últimas semanas, hemos tenido oportunidad de conversar con varias de nuestras usuarias para saber cómo les afectó la pandemia y la cuarentena, y de qué manera se vienen adaptando al día de hoy. Queremos compartir sus aprendizajes porque creemos que pueden servir para inspirar a tantas otras personas que hoy siguen buscando la manera de adaptarse a un momento de extrema incertidumbre.

Sobreviviendo al caos

Es indudable que poder trabajar desde casa a lo largo de la pandemia es un enorme privilegio en el Perú. Pero eso no quiere decir que no venga acompañado de sus propios desafíos. “Al inicio fue un poco caótico”, recuerda Johana Holz. Johana es abogada y trabaja en transacciones financieras grandes — lo que hace que su trabajo sea sumamente demandante, con tiempos ajustados y plazos muy cortos para responder. Ella es también madre de dos hijos, y la cuarentena la encontró inicialmente tratando de barajar múltiples facetas junto con su esposo desde el relativo aislamiento de Villa. “Teníamos que seguir trabajando. Le respondía a mi jefe, ‘estoy cocinando’. Trataba de que se notara que yo estaba presente, pero con los chicos también tenía que estar”. No solo nos encontramos repentinamente encerrados en casa, sino que estábamos encerrados al mismo tiempo con toda la familia, con todas nuestras obligaciones, y desconectados de nuestras rutinas y nuestros sistemas de soporte. Cosas que antes habían sido muy simples se volvieron repentinamente complicadas: “tenía que encontrar al proveedor de cada una de las cosas. Quién trae la comida del perro, la arena del gato”.

La vida cotidiana se volvió un espacio de negociación continua — con nuestros seres queridos en casa, con nuestros compañeros de trabajo en Zoom, Meet, o Teams. “He tenido reuniones en speaker mientras cocinaba. No me daban las horas del día. Todo es más parametrado, más difícil tener tiempo para ti”, nos cuenta Marianella Raygada. Ella trabaja en el área de innovación de una aseguradora pero tiene al mismo tiempo varios otros roles: jugadora de hockey, administradora de un club deportivo, y asesora de empresas pequeñas y medianas. Marianella ha vivido en primera persona cómo los límites entre los momentos profesionales y personales se han vuelto mucho más difusos: “Han habido fines de semana que estuve trabajando. Eso es lo que más extraño del pasado, poder desconectarme”.

Esta experiencia se ha vuelto mucho más común: nuestra vida profesional invade nuestra vida y espacio personal. Y también al revés: nos hemos acostumbrado a que nuestras vidas personales y familiares aparezcan espontáneamente en los cuadrados de la videoconferencia, o a escucharlas haciendo ruido en el fondo de una llamada. Al principio, quizás, era molesto. A medida que han pasado los meses, hemos podido darnos cuenta de que se ha vuelto lo normal. Nuestra vida — toda nuestra vida — hoy ocurre en un contexto compactado, y eso nos está pasando a todos al mismo tiempo.

Sombreros de todos los colores

“Toda la gente a mi alrededor está llevando un curso online, nacional, internacional”, cuenta Marianella. Encontrarnos sorpresivamente con tanto tiempo libre sin poder salir de casa se convirtió en muchos casos en una oportunidad para explorar todo tipo de intereses a través de cursos, talleres, lecturas. Las dudas que muchas personas pudieron haber tenido en el pasado sobre la educación virtual pronto dejaron de tener validez, ante la falta de alternativas. “No sé si es aburrimiento o reinventarse, pero están llevando cursos online. Me parece genial”.

Por necesidad o por oportunidad, las personas han empezado a llevar múltiples sombreros para ocupar su tiempo libre, generarse un ingreso extra, o responder a la pérdida de un trabajo. Pero llevar todos esos sombreros al mismo tiempo no es fácil, sobre todo cuando varios de ellos dependían de las interacciones en el mundo físico. Para Marianella, poder llevar todos sus sombreros significó un alto grado de compromiso y disciplina: “Antes de la coyuntura era mucho más fácil organizarme. Podía pedir más ayuda. Hay cosas que se han sacrificado. No puedo jugar partidos de hockey ahorita, pero sigo administrando el club. Seguimos entrenando desde casa, que para mí es un drama: todas las noches grabarme una hora haciendo ejercicios. No puedo hacer deporte cuando yo quiera, tengo que ponerlo en mi calendario o no va a suceder. Si no está en mi calendario, no existe”.

Historias como la de Marianella son cada vez más comunes — cada vez es más la norma que la excepción encontrar personas que hacen malabares en simultáneo con múltiples sombreros, y que además tienen que hacerlo todo hoy desde casa. Es el caso por ejemplo de Claudia Ugarteche: “Tengo varios trabajos. Soy arquitecta, soy mamá, tengo dos hijas chiquitas. Soy KO trainer, uno de los trabajos que ha cambiado un montón. Hago dulces sanos. Todos los trabajos que tengo, incluido ser mamá, están bien apoyados en la interacción.”

Como arquitecta, Claudia es especialmente sensible a cómo todas las facetas de su vida se ven reflejadas en la manera como utiliza su espacio: “Yo tengo que filmar las clases (de KO). El primer día arrimé el sillón. El día diez no volví a arrimar el sillón, ya estaba enrollada la alfombra. Es un tema de practicidad. Cuando se pueda regresar a la normalidad me gustaría cambiar, no quiero tener la sala llena de mancuernas”. Los últimos meses han visto comedores transformados en oficinas, salas transformadas en estudios de grabación o aulas virtuales. Cada metro cuadrado cuenta.

Pero no todas las actividades se traducen tan fácilmente al mundo virtual. Para Claudia, sus clases virtuales de KO son hasta más demandantes que las clases presenciales: “Ha sido lo más difícil. No ves lo que está haciendo la otra persona. El nivel de información verbal es diez veces mayor. Me tengo que adelantar a todas las cosas que podrías estar haciendo mal. Tienes que hacer la clase completa mientras das las indicaciones”.

El mundo que se nos viene

Para Claudia, los espacios que habitamos están recién empezando a cambiar a medida que nuestras necesidades empiezan a estabilizarse: “Tenemos que usar nuestros espacios, aceptando cuál va a ser su verdadero uso. Tu cuarto no puede ser tu oficina. Hay un nivel de estrés, un corte de horario de trabajo, o te quedas trabajando hasta la una de la mañana todos los días”. A medida que nos vamos haciendo la idea de pasar más tiempo en casa, empezamos a pensar también en cómo mejorar los espacios que estamos habitando para hacernos la vida más fácil. “No es momento de una inversión millonaria. Busca cosas que se adaptarán al tamaño de una casa normal, que te permitan crear un orden dentro de esa transformación. No solo home office, también home schooling, escritorios para niños, organizadores, muebles para guardar cosas del gimnasio, respondiendo a todo lo que te piden los espacios. Primero se transforman en el desorden, luego vas descubriendo qué necesitas para completarlo”.

Cambiar nuestros espacios es una realidad. Pero hay quienes están encontrando también la oportunidad para hacer cambios mucho más significativos. Jessica Benza, Head of Region de Selina, piensa que se está abriendo una ventana de oportunidad para que sobre todo las personas jóvenes exploren cambios más radicales: “Nuestros patrones de vida van a cambiar. La gente ya no está ligada a un espacio. La casa te puede saturar. En Selina puedes vivir un mes por menos de lo que pagas por el alquiler de un departamento en la ciudad”. Muchas personas están interpretando la oportunidad de trabajar desde casa como una oportunidad para trabajar desde cualquier casa, desde cualquier ambiente desde el cual puedan conectarse a internet desde su laptop — precisamente el segmento al que Selina ha venido apuntando en los últimos años. “Algunos quieren seguir en el ambiente urbano, otros quieren estar alejados, en las montañas, en las playas. En vez de estar en mi casa, voy a vivir en diferentes lugares. El trabajo y la vida privada se mezclan. Pueden hacerlo desde cualquier lugar, no necesariamente desde el lugar al que están acostumbrados”.

En cualquier caso, el mundo que se nos viene hará que muchos de los cambios que experimentamos primero como temporales se vuelvan permanentes. Sea porque transformamos nuestro espacio para adaptarse mejor a nuestras nuevas necesidades, o porque tomamos esas nuevas necesidades como el punto de partida para un nuevo estilo de vida. Si bien nos ha costado llegar hasta aquí y ha habido mucho ensayo, error, y aprendizaje en el camino, de a pocos empezamos a pensar más en las posibilidades y oportunidades, que en las limitaciones.

No tiene por qué ser tan difícil

Quizás uno de los aprendizajes más importantes de estas usuarias a través de estos meses es que no tienen por qué hacerlo solas. Estamos todos pasando por mucha incertidumbre y cambios, y a veces nos cuesta darnos cuenta de que podemos pedir ayuda con los problemas del día a día que nos quitan tiempo y nos generan estrés.

Allí es donde entra Tudú para ser tu aliado en resolver todas esas complicaciones del día a día que te quitan el sueño o te hacen más difícil navegar todo lo que está pasando. En los últimos meses hemos apoyado a nuestras usuarias con todo tipo de gestiones y compras, y desde que se empezó a flexibilizar un poco la cuarentena también con trámites en entidades privadas y públicas. “Como hay un seguimiento con el dúer por Whatsapp, es más personalizado. Si algo es más especial, o personalizado, uso a Tudú”, dice Marianella. “Ahora en la coyuntura lo he usado más, por seguridad. Mandaba cosas a mis tíos y me daba más confianza que enviar a un completo desconocido”.

Jessica, por su lado, utiliza Tudú para resolver tanto temas de trabajo como de su casa: “Amo Tudú, soy fan. Me ha ayudado en el ámbito personal y también en el profesional. Utilizo Tudú para temas de trabajo. Si quiero engreír a mis papás, hacen las compras que yo quiero. Es un trato mucho más personalizado. Les tengo confianza. Es mucho más humano. Ya saben quién soy. Muchos de los dúers me conocen, saben qué me gusta. Para mí eso no tiene precio”.

Por su lado, Claudia ha terminado usando Tudú mucho más luego de la cuarentena que antes: “Me volví cliente full a raíz de la cuarentena. Ahora que ha acabado, no he abierto las otras apps porque ya me acostumbré, me da mucho más confianza. Todo el mundo está más alerta de quién lleva y trae las cosas. Me da más confianza hacerlo a través de Tudú por la cercanía”.

La vida en pandemia es difícil, y lo seguirá siendo por varios meses más. Estamos todos pasando por muchos cambios y no siempre es fácil. Pero hay detalles que pueden hacerte la vida menos complicada — empezando por darte un respiro apoyándote en Tudú para resolver todas esas pequeñas cosas que complican tu vida personal y laboral ahora que éstas están cada vez más encima de la otra.

Así que, ¿cómo podemos ayudarte hoy?